Muestra

Nos siguen matando

El pañuelo aborda la normalización estadística de la violencia machista mediante la repetición de retratos y la interrupción roja de un patrón que representa cada vida arrebatada.

La propuesta del pañuelo

A diez años del primer Ni Una Menos, el proyecto parte de una estadística concreta: en Argentina se registraba un femicidio cada 36 horas. Durante el desarrollo del trabajo, ese dato se modificó y pasó a ser un femicidio cada 31 horas.

La pieza trabaja con esa transformación dolorosa: no como dato frío, sino como señal de una violencia que se acumula, se repite y se vuelve socialmente naturalizada.

Repetición, estadística y anomalía

El diseño aborda la normalización estadística de la violencia mediante la repetición de unidades visuales. La acumulación de retratos representa cómo la violencia puede instalarse como patrón, como fondo, como algo que la sociedad mira una y otra vez.

La anomalía aparece como interrupción roja dentro de esa repetición. Cada corte del patrón corresponde a un femicidio perpetrado y señala una vida arrebatada.

La trama floral de sangre

En el centro del pañuelo, los gotones de sangre forman una trama floral. Esa figura expresa el desborde naturalizado de violencia desde el núcleo mismo de la sociedad.

La violencia no aparece como algo marginal ni como excepción: emerge desde el centro, atravesando la composición y obligando a mirar lo que muchas veces se intenta volver paisaje.

Reflexión de la actividad

El tema y el trabajo no me dejaron indiferente, suponiendo un desafío alto.

El proceso resultó desafiante por la sensibilidad del tema y por la necesidad de explorar un lenguaje visual que no repitiera imágenes ya instaladas. La propuesta busca aportar una mirada nueva sin perder la gravedad de aquello que denuncia.