La propuesta del pañuelo
La propuesta surge a partir de la reflexión sobre la violencia de género y su representación en los medios. Al observar noticias sobre femicidios, la estudiante notó que muchas veces los agresores permanecen ocultos o aparecen de manera parcial, sin una identidad clara y con los rostros borrosos.
Esa observación abre una pregunta central: por qué no se exponen claramente las caras de los agresores. Desde allí, el diseño construye una imagen que pone en tensión el anonimato permitido y la necesidad de memoria.
El pozo y los rostros difuminados
La composición se centra en un pozo rodeado por mujeres. En su interior aparecen los agresores con los rostros difuminados, exponiendo simbólicamente ese anonimato y recordando quiénes fueron responsables de la violencia.
El pozo funciona como un espacio de memoria constante. No permite que los actos queden sepultados en el olvido: los conserva como una marca que debe ser observada, nombrada y discutida.
Mujeres, memoria y resistencia
Alrededor del pozo aparecen mujeres en color y en blanco y negro. Las primeras representan a quienes continúan luchando; las segundas simbolizan a quienes ya no están, pero permanecen presentes en la memoria colectiva.
Juntas forman una ronda de apoyo, unión y resistencia. El diseño homenajea a las víctimas y resalta la importancia de no olvidar.
Reflexión de la actividad
La pieza muestra cómo una imagen puede organizar una denuncia visual: convierte una pregunta incómoda en un dispositivo de memoria y acompaña una demanda colectiva de justicia.
Galería del pañuelo
Propuesta realizada por Milagros Ailén Cerdán en el marco de Taller de Diseño III, orientación Textil, junto con el LAD (Laboratorio de Diseño).